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Mario Roso de Luna
Mario Roso de Luna
, fue un personaje muy polifacético, abogado, teósofo, astrónomo aficionado, periodista, escritor y masón. Nació en Logrosán (Cáceres) en 1872 y murió en 1931, a los 59 años de edad. Fue un prolífico escritor de innumerables libros y artículos para revistas de todo tipo. Roso de Luna fue un “extravagante” de su época, un autodidacta enamorado del saber, un filósofo amante de la verdad y sufrió y fue feliz por ello.

Familia
Su padre era ingeniero nacido en Vinaroz (Castellón) que llego a Logrosán para trabajar en el ferrocarril y más tarde en las minas de fosforita que por entonces se explotaban. Fue hijo único. Se casó con Trinidad Román natural de Miajadas (Cáceres). Tuvieron dos hijos, Sara e Ismael. Sara, sería la mejor discípula de su padre, siendo modelo de mujer culta y de noble corazón, en una época en las que las mujeres eran consideradas inferiores y totalmente sujetas al hombre, ya fuera padre o marido.
Formación
Fue su madre quien se encargó de su educación primaria. A partir de los catorce años estudiará por su cuenta en casa, sin profesor y se presentaba por libre a los exámenes reglamentarios. A los 17 años, sufrió una meningitis que le puso al borde de la muerte.
En 1890, con 18 años se matriculó en Derecho y cuatro años mas tarde concluyó la carrera. Como abogado fracasó, según él, por altruista, honesto e insobornable.
En 1898 viajó a París llamado por Toro y Gómez para colaborar en la realización del Diccionario Ilustrado de la Lengua Castellana. La Diputación de Cáceres, ante las cualidades tan destacadas de Roso le concedió una ayuda de estudios y en el año 1901 se licencia en Ciencias Físicas.
Helena Petrovna Blavatsky
En 1903, trabó contacto con las doctrinas de la rusa Helena Petrovna Blavatsky que había fallecido en 1891. Roso manifestó que se vio irremisiblemente arrastrado hacia su amada maestra.
El mismo dice: “Conocí la Teosofía en abril de 1903 e inmediatamente la hice connatural con mi vida misma emprendiendo una labor intensa que si al exterior se encierra en los diversos artículos filosóficos publicados desde entonces, en el interior ha sido algo así como la revelación de que mi destino entero y mi éxito o mi fracaso se cifra por completo en ella”.
Antes de mudarse a Madrid, dedicaba horas enteras a prácticas científicas en el patio de su casa (éste es el principal motivo de que sus paisanos le denominaran el Mago Rojo de Logrosán).
Llegada a Madrid
En 1904, falleció su padre y Roso se trasladó a Madrid con su mujer y sus dos hijos. De su hogar extremeño, como él mismo dirá, sólo traía la ciencia, el arte, su alma y un puñado de tierra. Y esos fueron los cuatro puntos cardinales de su vida.
A partir de su llegada a Madrid, Roso sigue dedicándose con verdadera pasión al estudio de las obras de Teosofía, pero no se limitaba a ellas, sino que a la vez profundizaba constantemente en Historia, Astronomía, Química etc., con la pasión y provecho de un autodidacta.
Viaje por Hispanoamérica
Debido a su preparación filosófica y científica se le llamó desde Buenos Aires a dar unas conferencias, cosa que llevara a cabo en 1909. Se embarcó recordando el pasado conquistador de los extremeños, dispuesto a una conquista espiritual mas anónima y menos cruel de los habitantes del Nuevo Mundo y cuyo efecto más constante es el recuerdo que de él tienen aun en Sudamérica y los dos tomos de su obra Conferencias Teosóficas en América del Sur, que publicó al concluir su viaje. Argentina, Chile, Uruguay y Brasil fueron los países que se beneficiaron de su enorme erudición y su brillante oratoria.
Teosofía
A Roso le gustaba definirse a sí mismo como "teósofo y ateneísta". La teosofía es la doctrina, común a varias sectas, que trata del conocimiento de la divinidad a partir de experiencias místicas mezcladas con elementos ocultistas, generalmente de origen oriental, prescindiendo de la fe y de la razón.
Como teósofo, realizó una infatigable labor divulgativa, tradujo al castellano las obras de Blavatsky y produjo una larga serie de libros propios, agrupados en la llamada Biblioteca de las Maravillas.
En sus libros, Roso aplicó la doctrina teosófica a múltiples campos, como la musicología (Beethoven, teósofo, Wagner, mitólogo y ocultista), la sexología (Aberraciones psíquicas del sexo), Las mil y una noches (El velo de Isis), el totalitarismo (La Humanidad y los Césares), los mitos precolombinos (La ciencia hierática de los mayas) y el folclore español (El libro que mata a la Muerte).
En 1931 fundó con sus compañeros de la rama Hesperia, el “Ateneo Teosófico”, que conoció durante los meses que duró su presidencia un gran apogeo al recibir a personajes de todas las tendencias y establecer con ellos discusiones y conferencias públicas. Como tantas otras cosas, la guerra civil terminó con este club del libre pensamiento.
Ateneísta
Fue miembro del Ateneo de Madrid, donde trató a figuras importantes de la época, como Unamuno o Valle-Inclán.
En 1928 fundó, junto a Eduardo Alfonso, la Schola Philosophicae Initiationis.
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La bibliografía rosoluniana, abarca un total de 22 obras mayores pertenecientes a sus “Obras Completas”, cuatro libros aparte, y múltiples opúsculos (novelas cortas y conferencias) que junto a la gran cantidad de trabajos aparecidos en la prensa de la época ya como colaborador o redactor fijo, constituyen por su volumen y variedad un impresionante esfuerzo por conocer primero, y divulgar después, no sólo las ideas espirituales del hombre moderno sino también los descubrimientos científicos y tecnológicos recientes a favor de la idea de Auto-Realización individual y de progreso social. Sus obras las reunió bajo el nombre de “La Biblioteca de las Maravillas”
El profesor y filósofo extremeño Esteban Cortijo publicó en el 2003 una edición en doce tomos de sus obras completas, algunas de las cuales eran inéditas.
Huella de Roso
En 1893, el día 5 de julio, avistó un cometa que, desde entonces, lleva su nombre, porque se creyó que Roso había su descubridor. En realidad el cometa, denominado, C/1893 N1 (Rordame-Quenisset), fue descubierto el 19 de junio por el norteamericano W. E. Sperra desde Ohio, aunque pasó a la historia gracias a las observaciones del astrónomo francés Ferdinand Quénisset ayudado por C. Rodame desde el Observatorio de Juvisy (Francia).
Según manifestó Mario `la Astronomía y los cielos me dieron entonces lo que me negara la tierra: la dicha inenarrable de un descubrimiento científico`. Sus dotes científicas y humanísticas le llevaron a viajar por Europa y esto le hubiera permitido acceder a puestos importantes, pero su devoción a las doctrinas que Blavatsky le transmitió se lo impidieron.
Frases lapidarias
Sus propuestas están muy lejos de cualquier suerte de doctrina con su jerarquía y sus administradores, sus sacerdotes y su feligresía, porque siempre mantuvo encendida la llama del librepensamiento ayudado por cierta sensibilidad al mundo de los sentimientos y del arte. "Jamás estamos, dice Roso en un artículo de 1921, absolutamente bueno ni completamente lúcidos" y por eso es preciso poner freno a quienes se consideren con cualquier clase de verdad absolutamente válida para todos. Este freno no es otro que el marcado por los derechos civiles orientados a las más altas cotas de libertad y de justicia.
Generalmente, todo hombre que tiene una idea fija acaba convirtiéndose en extravagante para los demás. Lo mismo da que sea vegetariano, espiritista, teósofo, naturista…”
Muerte
Una de sus cualidades fue la serenidad que tuvo ante la muerte. No quiso lágrimas ni luto. Las últimas palabras que pronunciara Roso antes de morir fueron un verdadero mensaje de amor y entrega a lo que fue su ideal durante toda su vida. Ante la tristeza de su familia y amigos solo les decía: Ningún hombre es indispensable. No me lloréis. De una sola manera honrareis mi memoria: ¡Continuad mi obra..! ¡Superadla!
Tesis doctoral
El profesor y filósofo extremeño Esteban Cortijo se ha ocupado en profundidad del autor. A él dedicó su tesis doctoral, publicada en el año 2002: Vida y obra del Dr. Mario Roso de Luna (1872-1931), científico, abogado y escritor.
Reconocimientos honoríficos
El instituto de su pueblo natal, Logrosán, lleva su nombre.
Una calle de Cáceres, una en Mérida, una en Badajoz y otra en Miajadas, además de una residencia universitaria anexa a la Facultad de Empresariales y Turismo en Cáceres, también llevan su nombre.
El Ayuntamiento de Madrid, tras su muerte, dio su nombre a la calle en la que pasó sus últimos años, pero con la llegada del régimen franquista, se volvió a la anterior denominación, que aun conserva (Calle del Buen Suceso).

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Fuentes
Biografía de Mario Roso de Luna. José Carlos Correas. Nueva acrópolis.es
Biografía de Mario Roso de Luna. Quedelibros.com
Semblanza de Mario Roso de Luna. Esteban Cortijo.
Editor: FRB